Mostrando entradas con la etiqueta intro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta intro. Mostrar todas las entradas

domingo, 30 de diciembre de 2007

Crónica de un instante

Un instante... no más, no menos... es un instante lo que captura la fotografía.
Una imagen capturada a través de un lente es la culminación de la elocuencia, es decir todo sin decir nada, es llegar a la descripción física absoluta.
Salvador Elizondo, en Farabeuf, realiza una de las descripciones más reales que haya leído jamás. Lo peculiar de la novela (por si el estilo de Elizondo no fuera lo suficientemente peculiar) es que al final de la descripción hay una fotografía.
El autor pretende dejar en el lector una imagen muy sugestiva, la imagen de éxtasis de una persona sometida a una de las mas crueles torturas que jamás haya conocido.
Me es sublime la convergencia a la que se llega a través de la imagen con las palabras, ya que, he de decir, que junto con la literatura, la fotografía me apasiona de gran forma.
Así que puede que de repente haya fotografías en este espacio, para satisfacer esa necesidad que siento de expresarme a través de imágenes.
Mato dos pájaros de un tiro... Te invito a echarle un vistazo a la obra de Elizondo (gran, gran obra) y al mismo tiempo complemento la intro ya hecha hace unos días, con la parte que me faltaba: la fotografía.
Fotografomanía, yeah.

martes, 25 de diciembre de 2007

Gracias Kundera


Hace unos años ya, comencé a leer La insoportable levedad del ser de Milan Kundera. Era yo en aquel lejano entonces una persona un tanto pueril y huraña, más bien del tipo puberta introvertida.
Digamos que éste libro me quitó la virginidad literaria.
Así es, me atrapó, me envolvió, me hizo ser todos y cada uno de sus personajes, para que al final regresara a ser yo mismo, pero un yo con parte de Tomás, de Teresa, de Sabina y de Franz.
Al final, la literatura había cumplido su objetivo: me dejó ALGO. ¿qué es ese algo? Puede sonar trivial, pero considero que el fin máximo de una novela es, primero, sumergir al lector en un mundo alterno, hacerlo partícipe de la novela, hacerlo enojar, reír, llorar, excitarlo, desesperarlo, etc. y, segundo, plasmar imágenes en los pensamientos del lector. Si pasan cuatro años desde que leíste Crimen y Castigo, y puedes evocar la imagen de un Raskolnikov paranoico en su pequeño cuarto, entonces valió la pena haber leído más de cuatrocientas páginas de Dostoievsky (nada fácil) aunque esa imagen esté plasmada en dos cuartillas perdidas dentro del libro.
No soy escritor, no soy crítico literario, no estudié letras, no tomé clases de nada relativo a la literatura, para terminar pronto, no tengo la más mínima preparación literaria institucionalizada, por así decirlo. Más bien todo escrito aquí publicado no se basará en nada más que en pensamientos empíricos no tan bien fundamentados. En pocas palabras: NO ME HAGAS CASO, todo es un mero desahogo de palabras atrapadas en mi cerebro.
Volviendo a Kundera... sinceramente no me acuerdo en qué libro suyo leí la palabra grafomanía (el libro me dejó la palabra grafomanía, aunque no recuerde su maldito título). Creo que el título de este espacio es bastante aproximado a lo que quiero aportar. Tan solo tengo una manía por escribir. Creo que puedo interesar a los demás. Igual y estoy muy extraviado...
Como sea...